Yo era un chico como tantos de familia católica,
creyente pero de una fe de costumbres, bautizado, primera comunión,
confirmación. Me casé por la iglesia como era normal en mi
familia tradicional en el año 1980. En estos primeros años
de casado era muy feliz, Dios me dio dos hijas, Montse y Ana. Tenía
un negoció de carpintería de madera y por causa de la vida
me fue muy mal, siempre hay una cruz que hay que aceptarla y yo lo hice
pero más tarde. Vino la crisis del 1993 y la economía nuestra
se vino abajo y mi matrimonio también, mi esposa se quiso separar
y yo no quería, al final ella se salió con la suya. En esos
momentos yo pensaba que debíamos estar más unidos que nunca
por salvar nuestro matrimonio, nuestras hijas, pero no, el dinero tiene
más fuerza que los valores humanos que podamos tener en nuestro
corazón, y que los años de convivencia. Y así va la
sociedad que quiere encontrar la felicidad y no la encuentra por el egoísmo
de poseer, de ser más. Se habla mucho del amor, pero es un amor
de intereses, cuando desaparece el dinero en la casa desaparece la convivencia,
vienen los disgustos, las peleas y las separaciones. Este amor en apariencia
es un amor hipócrita. Tanto tienes tanto vales es el mensaje que
nos da la sociedad, consumista. Pasé unos años después
muy dificiles de tener de todo a no tener de nada, me tuve que ir a vivir
a casa de mi madre Adoración, (suerte de las madres que siempre
son nuestro refugio y el paño de lágrimas), ella era un mujer
santa, que Dios la tenga en su gloria. Si no hubiera sido por ella me habría
encontrado en la calle. Gracias madre desde estas líneas, por tu
cariño conmigo. Yo me preguntaba %porqué Dios mío
me pasa a mi esto, si yo soy un buen padre, y me veo desprovisto de todo
de todos mis bienes7 Me enfadé con Dios aún sin conocerlo
bien y le eché la culpa de todos mis males, y empecé una
vida desordenada y mundana. Luché como pude para salir adelante
con mi corazón roto por la separación de mis hijas. En ese
tiempo Dios dejó de existir en mi vida. Y como dice el refrán
"a perro flaco todo se le vuelven pulgas"se me complicó mas la vida
con una neumonía pleural que me dejó imposibilitado de hacer
nada. Estuve muy grave cada vez con menos fuerzas, hasta el extremo de
no poderme levantar de la cama, perdí muchos kilos de peso. Cuando
te ves sin fuerzas a los cuarenta y tres años, enfermo, sin familia,
sin saber si te vas a curar y salir adelante, sólo vi una tabla
de salvación para mi vida, JESUS, y clamé a Él con
todas mis fuerzas, y le dije: "Si me curas, te prometo que nunca te dejaré".
Y empecé a rezar por mi curación Me daba calmantes para los
dolores que padecía, y me sacaban el líquido del pulmón
cada vez que se me llenaba, el sufrimiento era constante. Esa noche se
les olvidó darme los calmantes y estando rezando me vino una paz
tan grande que dormí toda la noche. Empecé a creer en la
fuerza de la oración. Le conté al día siguiente al
padre Javier sacerdote del hospital, lo que me había pasado y el
me dijo que Jesús me había escuchado en mi oración.
Salí del hospital y me fui recuperando, en ese tiempo conocí
a una persona de la calle con la cual entablé amistad, nos contamos
nuestras vidas. Me contó que había estado en Lourdes y había
presenciado un milagro de una persona que tenía un cáncer
de médula y se había curado. Yo le decia que me costaba de
creerlo, y él me invitó a ir a verla, pero yo no creía
ni quise ir a verla, aunque él insistía. Pasaron cinco meses
y no estando recuperado del todo me cogió ciática en una
pierna hasta el punto de no poder caminar. Este amigo me comentó
que conocía a una señora que sanaba haciendo oración.
Tantas veces me insistió en que fuera a verla que al final decidí
ir a verla. Cuando fui a su casa y abrió la puerta lo primero que
me dijo fue: "H¡jo mío nuestro Señor Jesucristo está
contigo, y la Virgen Santísima también, pero tu no les haces
caso" yo me quedé parado y le contesté: "pues si que no les
hago caso". Al salir de esta casa le dije a mi amigo que me llevara a ver
a la señora a la cual le había sanado la Virgen en Lourdes
y de la que tanto me había hablado. Esta vivía en un pueblo
de Tarragona, la Borjas Blancas. Fuimos a este pueblo, ella se llama Teresa
y la vimos, nos enseñó la herida cicatrizada del cuello y
nos contó toda su vivencia. Desde ese día tomé la
decisión de ir a Lourdes en peregrinación con los enfermos.
Fui a Lourdes por primera vez, yo no tenía ninguna devoción
a la Virgen, ni sabía rezar el rosario, fui solo para ver el lugar
y por curiosidad. Estando a unos doscientos metros de la Virgen Coronada,
me tuve que parar porque me entró una electricidad en mi corazón
y que recorrió todo mi cuerpo, brazos y piernas y me pregunté
que me estaba pasando a mí. Comprendí que esto no era terrenal
sino del cielo. Caminé otra vez y me puse enfrente de la Virgen
Coronada, empecé a llorar con tanto sentimiento que no podía
contener mis lágrimas, pensaba en los años que había
pasado tan duros y no había derramado ni una lágrima, y en
esos momento no podía pararlas.. Como todavía no había
visto la gruta donde hubo las apariciones llorando me fui a verla. Estuve
dos horas en la gruta con mucha paz en mi alma. Cuando fuimos a la Misa
constantemente me fluía el llanto, y es que el Señor me transformó
mi corazón de piedra en uno de carne. Acabada la peregrinación
y al llegar a Tarragona mi madre y mis hijas me decían:7apá
que te ha pasado que estás tan cariñoso y tan tranquilo"
y sigo estando así y todo se lo debo a la Virgen Santísima,
la Virgen María. El Señor poco a poco me ha ido transformando
y me ha cambiado la vida completamente, el Señor también
me ha cambiado mis amistades, y me está dando amigos de verdad que
lo aman a Él y a su Madre. A los treinta días de mi conversión
fui con mi madre de nuevo a Lourdes, y la Virgen me hizo sentir un perfume
tan agradable que no me lo creía, fuimos a la Misa internacional
y durante la Comunión de nuevo me hizo sentir la Virgen su fragancia,
sintiéndome en esos momentos mal por mi incredulidad le pedí
perdón por ello. A partir de mi visita a Lourdes la Virgen me dio
un inmenso amor a ella y a la Eucaristía, fuente de salvación,
y mi pequeña fe en Dios ha ido creciendo mas y mas. Este deseo de
amar más a la Virgen me ha llevado a visitar lugares Marianos como
Fátima, Garabandal, MedJugorje en los cuales he sentido cada vez
más su cercanía. En Fátima me compré una imagen
de la Virgen y la puse en una habitación de mi piso y cada día
le rezo el rosario, y a la tercera vez que fui a Fátima sentí
deseos de tener una imagen del Sagrado Corazón, le pedía
a Jesús que Él me la eligiera. Estuve mirando todas las tiendas
pero no me gustaba ninguna, y pensé de mirar en la tienda donde
me había comprado la imagen de la Virgen, y allí encontré
una que me gustaba mucho su cara, fui a pagar con la Tarjeta de crédito
y no me funcionaba, pero la dependienta me dijo que me la llevara y que
le pagara al día siguiente, me la llevé y al día siguiente
fui a sacar dinero, pero la tarjeta tampoco funcionó, se me había
borrado la franja magnética con la proximidad del móvil,
le llevé la imagen de nuevo a la dependienta diciéndole que
no podía pagarle ya que no me funcionaba la tarjeta, y que la compraría
otro año, pero ella toda muy amable me invitó a llevármela
y que le pagara cuando llegara a España por transferencia. Su gesto
me dejó bastante sorprendido por la confianza que tuvo conmigo por
ser la segunda vez que me veía. Llegué a Tarragona y lo primero
que hice fue hacer la transferencia, para pagar la deuda. El Sagrado Corazón
lo puse en la habitación junta a la imagen de la Virgen de Fátima
y otras imágenes que me he ido comprando, formando un oratorio personal
en el cual medito, rezo el Rosario, hago la corona de la Divina Misericordia,
escucho música religiosa y paso las horas pensando en el Señor
y La Virgen santísima. El día 29 de Marzo del 2008 a las
1 F45 víspera de la fiesta de la Divina Misericordia estaba rezando
como de costumbre en mi oratorio y vi. que a la imagen del Sagrado Corazón
le corrían lágrimas por la mejilla y me dije yo mismo: "¿es
verdad lo que estoy viendo?, me levanté de la silla y lo miré
bien y mi corazón se llenó de angustia y comencé a
llorar yo también con él, esto duró un rato largo,
yo le decía a Jesús: ¿"porqué me haces esto
a mí", cogí y toqué con mi dedo la cara de la imagen
a ver si era verdad lo que mis ojos veían, y en verdad eran lágrimas.
Sobre la doce me acordé de la máquina de fotos y corTiendo
fui a buscarla, le hice una serie de fotos sin flash, hasta que dejó
de llorar. Como no me podía callar este hecho tan grande, al día
siguiente fiesta de la Divina Misericordia, se celebraba en la Catedral
de Tarragona la Santa Eucaristía presidida por el Arzobispo monseñor
Jaime Pujol y me fui a confesar con el sacerdote que dirige nuestro grupo
Reina de la Paz y le conté todo lo que me pasó y le enseñé
con la cámara de fotos digital todas las fotos que le hice a la
imagen llorando. Él me dijo que era una gracia grande que me hacía
el Señor y me pidió que rezara por los sacerdotes. A raíz
de entonces la imagen del Sagrado Corazón ha llorado seis veces
más y sudar lo ha hecho innumerables veces. El sacerdote del Hospital
Joan XXIII el padre Javier le estoy muy agradecido, él siempre me
aconseja sobre mi vida espiritual y me apoya mucho en todos estos hechos
que me está ocurriendo con mi imagen del Sagrado Corazón.
Otro sacerdote que me conoce de hace tiempo, también ha pasado por
mi casa y ha quedado impresionado de las fotos y de mi vivencia personal.
También les estoy agradecido a todas las personas que me apoyan
y me ayudan a difundir estos hechos, como al padre Fernando de Zaragoza,
Celia, María Pilar, Blanca, etc. los cuales me ofrecieron un gran
regalo, el del rezo de la corona de las lágrimas del corazón
de Jesús, que es así: Corona de las lágrimas del Sagrado
Corazón. Se comienza por santiguarse y el acto de contrición.
En vez del Padre Nuestro se dice: Por tus méritos amory misericordia,
Sagrado Corazón de Jesús, yo confilo en Ti. En vez de Ave
María se dice diez veces: Lágrimas dolientes del Corazón
de Jesús, lava los pecados que te hacen llorar. En vez del Gloria
se dice: Inmaculado Corazón de María, consuela el Corazón
de tu Hijo y ruega por nosotros pecadores.